miércoles, 7 de septiembre de 2011

Alfredo Bufano


Alfredo R. Bufano

Docente de muchos argentinos, la Biblioteca Nacional del Maestro lleva su nombre


Algo de su vida...

Nació en Guaymallén, el 21 de agosto de 1895. Sus padres fueron Don Leonardo Bufano y Doña Concepción de Cristo. Fue el quinto entre los ocho hijos del matrimonio. Algunos de sus hermanos ,debido a la influencia positiva de sus padres, al igual que él también se dedicaron al arte.

Su infancia transcurrió entre los viñedos y las calles polvorientas de Guaymallen. La casa paterna estaba cerca del carril Nacional a poco de empezar el camino entre San José y Villa Nueva.


En 1917 se casa con Ada Giusti y escribe su primer libro: El viajero indeciso, que está dedicado a ella.

Arribó a San Rafael, en 1926 para comenzar su profesorado en la Escuela Normal de Maestros, en donde ejerce durante más de veinte años.

La "característica del verso Bufano es esa profunda y simple emoción, encerrada en las palabras más sencillas" ha dicho uno de sus estudiosos. Su estilo se distingue por una maravillosa combinación de claridad intelectual y de pureza emocional. Es que tal es el estilo del "Romance de los dieciséis arrieros" y otros muchos versos de Bufano. En 1926, aparece "Tierras de Huarpes", y en 1928, "Poemas de la nieve". Al año siguiente edita, "El reino alucinante”.

Con su libro "Valle de la soledad" Bufano resulta premiado en las provincias de Cuyo. Continúa escribiendo y publicando hasta que en 1950, unos meses antes de su fallecimiento, aparece el libro que le inspira su viaje a España, "Junto a las verdes rías".Sus restos fueron llevados a Buenos Aires y velados en el viejo edificio de la SADE en la calle México. Allá se integró una comisión de honor formada por Jorge Luis Borges, Roberto F. Giusti, Eduardo Mallea, Vicente Barbieri, Conrado Nalé Roxlo, Ulyses Petit de Murat, Romualdo Brughetti y Manuel Mujica Láinez, quien habló en el cementerio. La familia decidió regresar los restos a Mendoza, a la Villa 25 de Mayo, en diciembre, y el poeta Rafael Mauleón Castillo dijo las palabras finales.

Su poesía...

CALLE DE LA LUNETA

¡Qué alegre brilla en la noche
con sus bazares y tiendas
la calle, la calle mora,
la calle de la Luneta!

¡Qué nombre tiene más lindo!
¡Qué blancura de azucena,
la calle, la calle mora,
que llaman de la Luneta!

Se sahuma de fragancias,
de jazmín y yerbabuena.

Sus farolillos alumbran,
con luz lejana de estrellas.

¡Con qué infantil alegría,
miro sus moros y tiendas!

¡Con qué placer subo y bajo!
¡Qué a gusto me siento en élla!

No hay en Tetuán herbolarios
que vendan más finas hierbas,
que los que orillan la calle
moruna de la Luneta.

No hay ojos más turbadores,
ni vendedoras más bellas,
ni más fragantes jazmines,
ni yerbabuena más crespa.

Si en sus vitrinas enjutas
manos de Fátima cuelgan,
comprádlas, porque la suerte,
seguramente os espera.

No hay en Tetuán una calle
que un nombre más bello tenga
que ésta, de la morería
llamada de la Luneta.

Mis sueños y mis congojas
más de una vez dejo en élla
mezclados con las fragancias,
de frutas, flores y hierbas.

¡Qué alegre brilla en la noche!
¡Qué alegre canta en mi pena
la calle, la calle mora,
la calle de la Luneta!

DIVINO AMOR

Amor es este que por ti me abrasa;
amor es este que hacia ti me impele;
amor es este que de amor se duele
en amado dolor que nunca pasa.

Amor es este que se da sin tasa
como nunca en la vida darse suele;
amor que estoy temiendo que se vuele
porque sin él, la muerte fuera escasa.

Amor, y extraño amor este amor mío,
silencioso y profundo como un río
profundo, silencioso y caudaloso.

Amor que nada pide y nada espera
amor que es como un lago sin ribera
bajo un cielo piadoso.

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